Las rocas y los suelos
Las rocas constituyen el material de partida de la mayor parte de los suelos: al quedar expuestas en superficie, sufren procesos de meteorización física y química que las fragmentan y alteran, generando partículas minerales de distinto tamaño y liberando elementos que pueden formar minerales secundarios, como las arcillas. La naturaleza de la roca madre influye decisivamente en la formación de los suelos, así en la textura, mineralogía, color, fertilidad y capacidad de retención de agua del suelo que de ella se desarrolla; por ejemplo, granitos arenosos pueden dar suelos arenosos, mientras que basaltos ricos en minerales alterables tienden a originar suelos más arcillosos y fértiles. No obstante, el suelo no depende únicamente de la roca: el clima, la vegetación, los organismos, la topografía y el tiempo modifican el material inicial, de modo que rocas semejantes pueden dar lugar a suelos diferentes.